Familias de cereal

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Familias de cereal
TOMÁS SÁNCHEZ BELLOCCHIO
Editorial Candaya, 2015

“Familias de cereal” es el relato que da título al primer libro del escritor argentino Tomás Sánchez Bellocchio,  le da título y a la vez sentido: las familias de cereal son aquellas familias perfectas que vemos en los anuncios  de cereales o de galletas o de leche… aquellas familias que raramente existen, pero que pueblan las conciencias y los deseos de muchos. El autor toma el nombre de un poema de Carla Pravisani, escritora y publicista como él,  con la que comparte la misma seducción por las imágenes,  por todo lo que puede llegar a esconder una imagen. Sánchez Bellocchio, sin embargo,  parte del negativo de la fotografía, de familias que no servirían para anunciar ni cereales ni seguramente nada: las protagonistas de  estos doce cuentos  son  familias poco amables y en crisis, desestructuradas o inmersas en algún drama. Y posiblemente  por ello, en cada historia encontramos un abanico enorme de sensaciones, emociones y sentimientos, susceptibles de provocar profundas reflexiones en el lector. Al fin y al cabo todos tenemos familia y a lo largo de nuestras vidas, deberemos enfrentar también crisis y dramas no tan diferentes a los que se cuentan en Familias de cereal.

No pasa desapercibida la voluntad, más o menos explícita, del autor por introducir tres grandes temas de mucha actualidad: la brecha tecnológica o digital, la generacional y la brecha social.  Los cuentos acaban resultando puentes para saltarlas.

Las nuevas tecnologías,  las  redes sociales o el nuevo concepto de “nube” forman parte intrínseca de algunos relatos, al igual que lo son en muchas de nuestras vidas. El autor no emite ningún juicio, en este tema ni en ninguno, sólo  fotografía realidades. Será el lector quien saque conclusiones, pero sí podemos leer que un padre empieza a conocer a su hijo muerto a través de su ordenador o como la “nube” que frecuentan unas ancianas puede hacerlas quizás inmortales.

La mayoría de cuentos se explican desde una voz joven o casi infantil que dota de ingenuidad y fuerza al relato. En todos se refleja,   desde distintos enfoques o perspectivas, el problema de la incomunicación intergeneracional, que a veces, como en “La nube y las muertas” se  resuelve con mucha ternura. Pero cuando no se resuelve,  tampoco hay crítica: sólo  otra fotografía de nuestro tiempo.  La comunicación siempre requiere voluntad por ambas partes.

La brecha social apunta a las diferencias económicas y sociales, desde una visión, como en la impactante historia de “Interrupción del servicio”, muy extrema e hiriente que en Europa nos queda tal vez algo lejana, pero que, aunque  en otra escala,  podemos reconocer perfectamente. Tomás Sánchez Bellocchio habla asimismo de la estigmatización de la diferencia, incidiendo especialmente en las enfermedades   mentales. Y es entonces -cuando se nos habla de obesidad, vigorexia, depresiones, suicidio, cáncer, miedos, obsesiones- cuando el autor me parece menos neutro.

En los doce cuentos de Familias de cereal el lector encontrará fantasía, animales,  finales redondos, finales abiertos, relatos que podrían llegar a ser grandes novelas y otros que son sencillamente perfectos. Hay sentido del humor, hay ironía, incluso algún punto un poco gore, hay perplejidad y ausencia absoluta de culpa (lo cual está muy bien en estos tiempos en que vamos cargando con tantas culpas innecesarias), y no hay nada superfluo ni nada que desencaje. La de Tomás Sánchez Bellocchio es una escritura armoniosa, con ritmo propio en cada cuento: todos son distintos y a la vez forman parte de un conjunto,  conforman una familia tal vez desestructurada, pero unida sutilmente por un hilo de ternura.

Tomás Sánchez Bellocchio extrema las situaciones complejas de las que parte hasta límites a veces tan fantásticos que parece imposible casarlas con la realidad (aunque todos sabemos que la realidad siempre acaba superando a la ficción) y  desdramatiza las duras historias que cuenta mediante un humor subcutáneo y muy inteligente, dándonos lecciones emocionales sin pretenderlo (en este aspecto, utilizar la fantasía para desdramatizar, Familias de cereal me ha recordado a los sorprendentes cuentos de Etgar Keret).

Lo más importante, una vez que finalizas Familias de cereal y te dices a ti misma lo que has disfrutado con los cuentos,  es lo segura que estás de que acabas de descubrir a  un  escritor  que  tiene un don al alcance de muy pocos: el de tener una voz absolutamente genuina, una voz tan natural que consigue hacer desaparecer al autor y abducirte como lector, una voz que me ha trasladado a gozosas lecturas de cuentos como los de Gianni Rodari o Italo Calvino, una voz que  fluye y te atrapa . Y eso, lograr una voz propia,  solo lo consiguen los buenos cuentistas, los buenos narradores,  los buenos escritores. Y  no hay duda,  Tomás Sánchez Bellocchio lo es, un escritor fantástico:

 “Solo quería que terminara de una vez, estar en uno u otro lado, y no en esa zona indefinible que significaba una casa partida en dos, ser mensajero en el silencio hostil, o custodio de secretos que no corresponden a un chico de trece años”

“A papá le gustaba leer y leernos. Lo de escribir era un hábito nocturno y privado, que no compartía con nadie. Pero en cualquier momento, en cualquier parte, sacaba un libro no sé de dónde y nos sentábamos en sus rodillas”

“Ves: catorce años pueden contener una vida”

“Desde que se fue papá, aprendí a recitar fórmulas de aliento”

“Contarse la vida como un libro hace menos terrible el final”

 

 Enlace a las primeras páginas del maravilloso cuento “La nube y las muertas”

 

Aquesta ressenya és la versió en castellà de la publicada al blog “Els orfes del Sr. Boix”

 

 

 

 

 

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